8 de marzo de 2009

Al volver la vista atrás...


Me gustaría que, cuando echase una mirada hacia atrás a mi vida, pudiese sentirme satisfecho de ella. No quisiera tener la sensación de haberla desaprovechado ni de haber dejado de hacer aquellas cosas que considero importantes. Y eso no significa vivir de manera alocada, ni actuar de forma irresponsable, ni siquiera correr de cama en cama en una incansable maratón por "darle gusto al cuerpo".

Significa acostarme todas las noches satisfecho conmigo mismo, sin tener nada serio de lo que arrepentirme (los arrepentimientos cotidianos están permitidos), habiendo aprendido algo nuevo y, si es posible, con ilusión por encarar un mañana en el que espero seguir sintiéndome bien. Ello implica respetarme a mi mismo y respetar a los demás; ser honesto; ser generoso; estar disponible; y ser valiente.

Valiente para hacer frente a todas esas incoherencias que encontramos a nuestro alrededor y también dentro de nosotros mismo. Valiente para afrontar las situaciones difíciles que nos surgen en la vida y saber salir airoso de ellas para poder sentirme satisfecho cuando vuelva la cabeza y mire hacia atrás.

18 de febrero de 2009

Parálisis emocional.

A veces nos empeñamos en que las cosas nos vayan mal, y no somos capaces de darnos cuenta de que, quien más nos impide alcanzar nuestras metas, somos nosotros mismos.


¿A quién no le ha pasado que su falta de confianza, su inseguridad, su miedo al ridículo o su temor a perder lo que cree que tiene, le han paralizado? Creo que si todos reflexionamos, nos daremos cuenta de que, al menos en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido así. No tiene porque ser cuestión de carácter, ni siquiera de estar metido en una depresión que no te deja ver. A veces simplemente son estados de ánimo o imágenes distorsionadas que tenemos de nosotros mismos que, por un periodo de tiempo más o menos largo, te dejan paralizado.

La pregunta del millón es: ¿qué se puede hacer para superar esos momentos? Está claro que no podemos fiarnos de nuestro juicio. En esos momentos no somos nuestros mejores consejeros, no somos capaces de vernos con objetividad. Por eso es importante dejarnos guiar por la señales que recibimos del exterior. Si los demás te dicen que puedes, es muy probable que sea así. Si la realidad te devuelve que las cosas, tal y como las estás haciendo, no funcionan, es que ha llegado el momento de hacerlas de otra manera.

Porque esta paralisis emocional nos convierte en minusválidos. Y eso es aceptable, todos tenemos derecho a pasar a una mala racha. Pero es nuestra obligación, para con nosotros mismos y para la gente que nos quiere, salir de ella. Si sólo no puedes, pide ayuda. Si no sabes pedir ayuda, al menos déjate guiar, confía.

Porque todo en esta vida tiene unas consecuencias, incluso cuando no te mueves, cuando crees que las cosas no suceden. Puede que no sintamos que la vida pasa, pero nos equivocamos. Pasan cosas, pasan personas, pasan oportunidades y, aunque estamos ahí para aprovecharlas, no somos capaces de hacerlo. Y el día que te despiertas, te das cuenta de que el río de la vida ha arrastrado demasiadas cosas a su paso.

1 de febrero de 2009

Harvey Milk y Johanna Sigurdardottir

Mi nombre es Harvey Milk es una gran película que niguna persona debería dejar de ver. Especialmente aquellos que, a causa de nuestra orientación o identidad sexual, hemos tenido que ir conquistando derechos para poder ascender a la primera división de la ciudadanía.


Y las cosas siguen adelante. Esta semana se ha nombrado en Islandia a Johanna Sigurdardottir como Primera Ministra. Y esto no sería una noticia para este blog si no fuese porque está casada con una mujer desde el año 2002 y se va a convertir en la primera jefe de estado abiertamente homosexual.

SINOPSIS:
Harvey Milk fue asesinado en 1978 y el mundo perdió a uno de sus líderes más visionarios y a un gran defensor de la justicia. El aclamado cineasta Gus Van Sant se une al incomparable Sean Penn y a un excelente reparto para contar una poderosa e interesante historia

Cansado de huir de sí mismo, Harvey deja un puesto ejecutivo en Wall Street para salir del armario y mudarse al barrio Castro, de San Francisco, con su eterno compañero Scott Smith (James Franco). Abre una tienda de cámaras que no tarda en convertirse en el punto de encuentro del barrio, cuyos vecinos no tienen otro lugar para reunirse en una época particularmente rígida.

Harvey se da cuenta de que no son pocos y empieza a hablar por ellos. Se enfrenta a empresarios, sindicatos y políticos intolerantes. Sus victorias son cada vez mayores. Su valentía – recibe amenazas constantes – inspira a otros a seguir sus pasos.En su vida privada, empieza una destructiva aventura con Jack Lira (Diego Luna), un joven que se agarra a él para sobrevivir.

La comunidad homosexual, que se siente unida y más fuerte, le elige para un puesto público y se convierte en el primer político abiertamente gay elegido en el país. Su mensaje de libertad y esperanza le crea muchos enemigos, y deberá enfrentarse a Dan White (Josh Brolin), el hombre que acabará asesinándole.

Pero incluso después de su muerte, la voz de Harvey habla de la valentía de una generación que abrió una nueva época de tolerancia y entendimiento.



8 de diciembre de 2008

Estereotipos, prejuicios y discriminación.

1. El estereotipo gay.



2. Como los cambios en las estructuras influyen en las personas y pueden acabar con la discriminación.



Cómo son estos argentinos!!!

29 de noviembre de 2008

1 de diciembre: Día Mundial de la Lucha contra el Sida

El próximo lunes se celebra el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida. La noche del domingo 30 de noviembre a las 21:00h se celebrará, como todos los años, un acto en la Puerta de Alcalá en memoria de aquellos que ya no pueden acompañarnos.

En esta ocasión el lazo rojo que se colgará lo ha diseñado Antinoo, y en él aparecen muchas personas gays, lesbianas, transexuales y bisexuales que han prestado su imagen para conmemorar este día.

Me gustaría que te pasases por allí a acompañarnos y a hacer visible que todos los que entendemos nos apoyamos, nos recordamos y nos cuidamos los unos a los otros.

A continuación unos anuncios de prevención del VIH que espero que os gusten.





13 de noviembre de 2008

Incompatibilidades. Como la vida misma.


Publicado en "el Jueves" del 12 al 18 de noviembre de 2008. Dibujado por C. Ponsí.

11 de agosto de 2008

La no vida de Juan.

SOLEDAD. (Del lat. solĭtas, -ātis).
1. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
2. Lugar desierto, o tierra no habitada.
3. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.
(...)

Estar solo es muy jodido. Y si no que se lo pregunten a Juan. Su vida, en palabras de la señora Antonia, mi suegra, ha sido una verdadera pena. Y que razón tiene.

A los 10 años Juan perdió a su padre. Ese hecho, por el que lamentablemente han pasado muchos niños y niñas, para él fue determinante. En ese momento se convirtió en carne de psicoanálista. Ese acontecimiento determinó toda su vida y también su no vida porque, cuando uno se siente sólo y perdido, cuando pierde el contacto con la realidad y se sumerge en el alcohol y las drogas ¿podemos decir que sigue vivo? Y la clave de la no vida de Juan es esa, el sumergirse, el excederse, el ir más allá, porque Juan se alejó de la frontera de la vida buscando escapar de su soledad, de su sentimiento de abandono, de sí mismo.

Juan empezó a no vivir a los 12 años. Él pensaba que sí, que vivía, y que además lo hacía de manera más intensa, arriesgada y adulta de lo que lo hacían el resto de los chicos del barrio. Pero no era así. Con el primer porro y con la primera cerveza empezó su no vida sentado en la puerta de un taller mecánico del polígono de al lado de casa. Realmente no le apetecía, temía las represalias de su madre si era descubierto. Pero hacerlo suponía evadirse de su soledad y, por añadidura, ser aceptado, sentirse igual que el resto, dejar de ser el chico que no tenía padre para ser uno de los chicos enrollados. En su balanza personal pesaba más el sentirse aceptado y acompañado que cualquier otra cosa.

Y después de ese primer día vinieron otros, donde descubrió que además del placer inmediato de beber y fumar, se sentía menos solo, parte de algo, más hombre. Juan, sin darse cuenta de ello, había iniciado una escapada de su realidad, apoyado en el compañerismo clandestino que se creó en la puerta de aquel taller. Con el tiempo algunos colegas que tuvieron más cabeza, o simplemente más suerte, se alejaron de todo aquello. Los menos, entre ellos Juan, decidieron que era el momento de ir a más, de probar algo más duro. Se sentía preparado para ello, sin saber que lo que sucedía era justamente lo contrario. Cada vez estaba más anestesiado y menos vivo, cada vez se alejaba más de quienes le querían y, buscando esconderse de su soledad, cada vez la abrazaba más.

Hoy la vida de Juan no es muy distinta de la de ese chico que te pide en el metro, o la de ese hombre que bebe de un cartón de vino en un banco del parque, o la del tio de tu barrio que está siempre colgado y que duerme entre cartones en los soportales. Porque Juan no supo que los paraisos artificiales son de plástico y que con el tiempo, se decoloran y se acaban rompiendo. Porque Juan no aprendió que el bienestar hay que buscarlo dentro de uno mismo y trabajárselo cada día. Porque Juan se dejó atrapar por la no vida demasiado pronto y nunca llégó a madurar lo suficiente para descubrir que hay otras formas de afrontar la realidad.

La soledad es muy jodida pero hay que aprender a vivir con ella. Si llegamos a conocerla, si llegamos a querernos en nuestra soledad, tendremos la mitad del camino recorrido. Así los pasos que demos en nuestra búsqueda serán más conscientes y más reales. Puede que no siempre sean acertados, pero en eso consiste asumir las riendas de la propia vida, en tomar decisiones, probar, equivocarse, acertar, aproximarse... Eso es vivir.